El Halcón Maltés (1941)








El Halcón Maltés 
Novela de Dashiell Hammett
Film de John Huston


El Halcón Maltés de Hammett y Huston
La televisión en su función de Cineteca Involuntaria, nos va a permitir asomarnos a esa espléndida obra de John Huston: “El Halcón Maltés (The Maltese Falcon), realizada en 1941 y considerada, en la historia de los géneros cinematográficos, como la iniciadora del “Cine Negro”, ya que será proyectada en el canal de TCM Classic Hollywood este viernes 20 a partir de las 22.00 hrs. (tiempo de México).
“El Halcón Maltés” en su versión cinematográfica es un equivalente visual, casi perfecto, de la obra literaria de Dashiell Hammett, a quien se considera como uno de los grandes representantes de la novela policiaca de inspiración, realista y acción violenta y el cual vino a innovar el género en 1929 con sus obras “Red Harvest”; “La Maldición de los Dain” y precisamente “El Halcón Maltés”. La innovación de Hammet, según Raymond Chandler consistió en lo siguiente: “Dashiell volvió a colocar el asesinato entre aquellos que en la realidad suelen cometerlos, y no para proporcionar sencillamente un cadáver; y con medios al alcance de la mano, no con pistolas damasquinadas, cuararé y venenos tropicales. Reflejó en el papel a esas personas tal como son, y las hizo hablar y pensar en el lenguaje que utilizan habitualmente”.
Samuel Dashiell Hammett nació el 27 de mayo de 1894, en Saint May County, Maryland. Murió el 10 de enero de 1961 de cáncer de pulmón. Era agente de la compañia de detectives Pinkerton antes de dedicarse a escribir en 1922, después de abandonar ese empleo. Se inició con cuentos o relatos breves y sería en 1927 que publicaría su primera novela, por entregas en la revista “Black Mask”, titulada “The Big Knockover” (El Gran Golpe) dividida en dos partes, la segunda se suele publicar de manera separada con el título de “10600$ Blood Money” (Dinero Sangriento). A esta siguió la interesante “Cosecha Roja” (Red Harvest), para después publicar “The Dain Curse” (La Maldición de los Dain).

 “Black Mask” publicó por entregas, de septiembre a diciembre de 1929, la cuarta novela de Hammett y la leyenda nos dice que el niño Max Wilik de diez años de edad, hijo del productor ejecutivo Jacob Wilk, quién era un devorador de pasquines, le llamó a su padre la atención de la obra desde el primer capítulo. Jacob de inmediato le pidió la obra completa al director del magazine y después de que los lectores de la Warner la leyeron le hicieron una oferta al novelista por los derechos para el cine; después de que la Paramount, quién tenía la primera opción desistió de la idea de comprarla. La Warner la adquirió en febrero de 1930 por la cantidad de ocho mil quinientos dólares.
Roy del Ruth fue el director encargado de realizar la primer versión de “The Maltese Falcon” que también se conoció como “Dangerous Feamle”, estrenándose en junio de 1931. La cinta tuvo un relativo éxito de taquilla con Ricardo Cortez en el rol de Sam Spade y Bebe Daniels como Ruth Wonderly, la mujer misteriosa sobre la cual giraba la acción en esta versión, la cual seguía la trama de la novela en líneas generales.
Cuando en 1936 se planeó la segunda versión, el productor Hal Wallis insistió en que se mejorase el guión “atendiendo a la verdad de la novela”. Por el resultado desastroso del filme titulado “Satan Met a Lady”, conforme a las crónicas de la época, debemos de concluir que no se siguieron las indicaciones de Wallis, significando un fracaso para Bette Davis y Warren Williams, dirigidos por William Dieterle. Hubo un tercer intento fallido en 1939 que se iba a llamar “The Clock Struck Three”, pero el guionista Charles Belden tiró el arpa, al tener dificultades para resolver la segunda parte de la historia.

John Huston tenía varios años laborando en la Warner como guionista, pero deseaba dar el salto a la dirección, algo que no se estilaba en la época en los grandes estudios y se les negaba la oportunidad a los escritores de tomar el megáfono, siguiendo una rígida división del trabajo. Sin embargo Huston consiguió incluir en el contrato de la adaptación de la novela “High Sierra” de William Riley Burnett, que si la película tenía éxito le darían oportunidad de dirigir una película. “High Sierra” que pasó en México como “Su Último Refugio” significó un triunfo para su director Raoul Walsh y, sobre todo, para sus protagonistas Humphrey Bogart e Ida Lupino, que los puso camino al estrellato.
La Warner, a regañadientes, le cumplió a John Huston con lo pactado, dejándolo probar fortuna en una producción serie “B” con un presupuesto de 300,000 dólares. Huston pidió rodar “El Halcón Maltés”, pues aparte de llevar una buena amistad con Hammett, era de la idea de que “en realidad no se había llevado nunca a la pantalla”. Privaba en ese tiempo la idea de que había que, prácticamente, volver a reescribir las historias y utilizar muy poco de la obra original, para hacerlas cinematográficas, ya que los guionistas trataban de poner su sello propio en las adaptaciones que se les encargaban. Huston estuvo dispuesto a demostrar la falsedad de dicho criterio, escribiendo tiempo después: “Me decidí por un procedimiento radical: seguir el libro en lugar de apartarme de él”. Algo que ya había explorado en la adaptación de “High Sierra”.

Abundando en las características del personaje del detective Sam Spade, el ensayista Alberto del Monte, nos señala en su libro “Breve Historia de la Novela Policiaca”: “Sam Spade es el antecesor de toda una serie de investigadores privados, aficionados al alcohol y hacia las bellas mujeres, seguros de sí mismos y libres de prejuicios en los métodos. Pero Sam Spade es algo más que ese tipo de detectives: es un hombre frío y cínico, que no se diferencia mucho de los delincuentes antagonistas suyos por su avidez y su despiadado egoísmo y ante todo trata de salvar el pellejo y cuando menos de pescar un buen fajo de billetes. Pero Sam Spade es también la expresión de la sociedad en que vive: combate contra ella, contra su corrupción, pero con un pesimismo derrotista, con el convencimiento de que no podrá cambiar nada, reintegrándose al final a ella, como a su desesperada y brutal procedencia. Es una sociedad dominada por el dinero y también el detective está obsesionado por la exigencia de ganar, aún cuando sea por medios heterodoxos; por primera vez aparece el ser detective como un oficio, un duro y descarnado oficio. Con Sam Spade se utiliza tanto la diferencia entre detective y delincuente que llega a desaparecer, y no sólo y principalmente por los medios ilegales y violentos con que actúa, sino precisamente por su falta de una clara y concreta ética”.

El director y argumentista John Huston, no suavizó, ni matizó al personaje de Sam Spade, dejándolo tal y como lo concibió el novelista. En todo caso, a la luz del tiempo transcurrido, desde la fecha de la filmación hasta ahora, la más notoria “antigüalla”, sería la forma de presentar la violencia. Pues es obvio que si ahora se hiciera una versión de “El Halcón Maltés”, la diferencia más notable, con la intención de actualizarla, sería en la manera en que fueran concebidas y realizadas las escenas de peleas y asesinatos. Y posiblemente, las relaciones sexuales, entre Sam, la viuda de su amigo “Miles Archer” y su “cliente”, la sensual “Brigid O’Shaughnessy, serían más descarnadamente presentadas. Pero todo ello no implica que puedan hacerla mejor, que como la hizo John Huston, pues indudablemente se trata de uno de sus mejores trabajos, el cual no ha perdido vigencia con el paso de los años.

Para variar: algo de trivia
En los años treinta la Warner Brothers se especializó en realizar películas policíacas, para las cuales contaba con cuatro grandes “duros”: Paul Muni, James Cagney, Edward G. Robinson y George Raft. Y aunque Humphrey Bogart formaba parte de su “planilla” de actores, su lugar en el escalafón de las “estrellas” de la Warner, estaba algunos lugares más abajo de esos cuatro y algunos otros. Sin embargo dos películas realizadas en 1941 lo pondrían en el camino de la fama y la mitología cinematográfica.

La primera de ellas fue la ya mencionada “Su Ultimo Refugio” (High Sierra) dirigida por Raoul Walsh. Pero lograr el rol del exconvicto “Roy Earle”, inspirado en parte en Dillinger, no fue algo sencillo para Bogart, quién desde el momento en que el Estudio adquirió los derechos de la obra de Burnett, le manifestó al productor Hal Wallis su interés en hacer el rol de Roy Earle. Pero Wallis ya se la había ofrecido a Paul Muni, quién estaba por terminar una gira con la obra “Cayo Largo” y tenía que regresar a los estudios a realizar una cinta biográfica sobre Beethoven y una segunda que no se había concretado. Muni le pidió a Wallis le veía posibilidades “siempre que no se convierta en otra película más de policías y ladrones”. Sin embargo los diferentes guionistas que la abordaban, encontraban dificultades para ennoblecer al gángster, así que poco a poco se fue prescindiendo de Muni. Entonces se le ofreció a George Raft quién la terminó por rechazar argumentado estar harto de hacer papeles en los que al final moría. Entonces tanto Raoul Walsh como Huston pujaron ante Jack Warner por darle oportunidad al talento y recurrir a Bogart.
La segunda fue, precisamente, “El Halcón Maltés” y otra vez se atravesó en el camino de Bogart el inefable de George Raft, propuesto por el productor Henry Blanke. Afortunadamente para Bogart, Raft, quién que no tenía buena relación con Huston, rechazó el papel, por estimar que “no era una película importante”, además de que su contrato le permitía no rodar remakes. Entonces ya Huston impulso la participación de su amigo Bogart, quién también ya había hecho su parte con Jack Warner para que le dieran el rol de Sam Spade, faltandole sólo conseguir el de Rick en “Casablanca” para con esos tres roles consolidarse como uno de los grandes mitos cinematográficos del Siglo XX.

En el colectivo “Humphrey Bogart” coordinado por Carlos Sampayo al analizar “El Halcón Maltés” nos señalan lo siguiente: “De hecho, la operación llevada a cabo por John Huston, primero como guionista y luego como realizador del filme, fue intentar mantenerse lo más fiel posible al texto original, tanto en el respeto a la trama argumental como en lo referente al estilo. ‘Decidí dejar la obra de Hammett tal como éste la había escrito, e intente traspasar su peculiar estilo al terreno cinematográfico mediante una fotografía perfecta, unos movimientos de cámara muy precisos, y decorados impresionantes, pero no llamativos”. En el fondo, lo que hizo John Huston fue ofrecer la complicada trama argumental centrándola mucho en los tres principales elementos de la narración, para clarificarla: un detective privado distinguido por su laconismo (Spade), una femme fatale (Erigid) y una antiquísima figurilla de oro (un halcón lleno de joyas incrustadas, que fue tributo de los Caballeros de Rodas al rey Carlos I de España, en agradecimiento por haberles dado la posesión de la isla de Malta en 1539).
“Sin embargo hay algunas modificaciones importantes en relación con la novela, algunas de las cuales fueron introducidas sin duda por Huston con la pretensión de concentrar la fuerza dramática del relato (otras quizás por miedo a la férrea censura de la época). Así, por ejemplo, vemos que en la película desaparece el personaje de Rhea, la hija de Caspar Gutman, o que la homosexualidad de los personajes de Joel Cairo y Wilmer Cook se halla mucho más diluida (en la novela Cairo se muestra reacio a que Wilmer aparezca como culpable, a causa de la atracción que siente por él)”.
“Como decíamos, el inicialmente previsto George Raft fue sustituido por Humphrey Bogart, pero también la actriz que iba a encargarse del personaje de Brigid, Geraldine Fitzgerald, renunció a interpretar el filme, y el papel fue a parar a Mary Astor. Más de medio siglo después de haber sido filmada, esta tercera versión de “El halcón maltés” no sólo se ha convertido en un film mítico sino también en otro aplaudido clásico del cine negro. Y es evidente que existen al menos tres razones para ello: la progresiva popularidad que la obra de Dashiell Hammet ha conocido en todo el mundo, coincidente además con la disfrutada por el cine de John Huston; las magníficas interpretaciones del equipo de actores, con Bogart a la cabeza del reparto; y la enorme fuerza figurativa del detective Sam Spade, con su equilibrio entre ironía y romanticismo, entre tristeza y humorismo”.
Líneas arriba especulaba como sería una cuarta versión de “El Halcón Maltés, pero en rigor creo que no tiene caso una nueva adaptación, ya que la de Huston, es uno de los claros ejemplos de películas en que todo parece encajar correctamente y que si Sam Spade hubiera sido George Raft, el resultado habría sido muy diferente. Al igual que si especulamos con relación a otros miembros del reparto, la sustitución se nos hace punto menos que imposible, pues la armonía y lo idóneo de cada uno de ellos en sus personajes, nos han quedado ya imborrables. La calculadora Mary Astor. El reputado actor de teatro Sydney Greenstreet, quién debutara en el cine, precisamente a los 61 años de edad, en esta película en su rol del Gordo Gutman, creó para la galería del género un prototipo de villano de refinados modales. El habitual manierismo de Peter Lorre encontró un adecuado vehículo en su creación del homosexual Joel Cairo, al igual que el resto del reparto secundario es un sólido respaldo para la verosimilitud de la historia. Y sobre todo Humphrey Bogart bordó espléndidamente su caracterización del rudo, cínico, pero romántico en el fondo detective privado Sam Spade, siempre en el filo de la navaja, en lo que a respeto a la ley se refiere. Y aunque era fácil ironizar en una época en que John Huston había dado todo de sí en su primera obra y después sólo había podido tener grandes momentos, en alguna de sus películas, es indudable que “El Halcón Maltés” es una de las más redondas de su carrera, con todo y la gran frase final cuando Spade (Bogart) le responde al teniente Dundy (Barton Maclane) su pregunta sobre de que metal estaba hecha la figurilla del halcón: “The stuff that dreams are made of” (El material con que se forjan los sueños).

Para finalizar regresamos a Carlos Sampayo que nos puntualiza: “Hay dos maneras de aproximarse a “El Halcón Maltés”: como novela de Dashiell Hammett adaptada al cine por John Huston y como película de Huston y sus posibles relaciones con el cine posterior de este realizador. La primera sería una mirada hecha desde o a partir del género ‘negro’, y la otra una mirada sobre el cine de un director que es considerado por muchos un ‘autor’. Lo cierto es que la película se aprecia mejor si se entiende y se comparte su doble fondo irónico y sarcástico, próximo a los límites de una parodia que jamás está explícita del todo. En este sentido puede afirmarse que la película de Huston encierra algo más que una aplicada ilustración de Hammett: contiene una reflexión personal, casi siempre en clave irónica, sobre un mundo absurdo en el que un puñado de gentes absurdas corren detrás de cosas absurdas”.



The Maltese Falcon / John Huston


AÑO 1941
DURACIÓN 100 min
PAÍS Estados Unidos
DIRECTOR John Huston
GUIÓN John Huston (Novela: Dashiell Hammett)
MÚSICA Adolph Deutsch
FOTOGRAFÍA Arthur Edeson (B&W)
REPARTO Humphrey Bogart, Mary Astor, Gladys George, Peter Lorre, Barton MacLane, Lee Patrick, Sydney Greenstreet, Elisha Cook Jr., Ward Bond, Walter Huston, Jerome Cowan
PRODUCTORA Warner Bros. Productor: Hal Wallis.
SINOPSIS:
En 1593, los Caballeros de la Orden de Malta decidieron obsequiar al Emperador Carlos V con la estatuilla de un halcón, realizada en oro macizo con incrustaciones de piedras preciosas, en agradecimiento a ciertas prerrogativas concedidas por el monarca. Sin embargo, esta maravillosa joya no llegó nunca a manos de Carlos V, ya que la galera en la que era trasportada fue asaltada por unos piratas. Cuatrocientos años después, el detective privado Sam Spade y su socio, Archer, aceptan el encargo de una muchacha que quiere averiguar dónde se encuentra su hermana, que ha desaparecido junto a Floyd Thursby, un hombre sin escrúpulos. (FILMAFFINITY)
Crítica: Filmaffinity